¿Te has quedado en la calle? 3 trucos para intentar abrir tu puerta

Haberse quedado en la calle por culpa de no tener llaves es en realidad un verdadero incordio. Lo primero que habría que hacer es tratar de ponerse en contacto con un cerrajero profesional especializado, quien llevaría a cabo la apertura de la puerta de nuestra casa sin apenas problemas, minimizando así el contratiempo sufrido. Pero puede darse el caso de que sea el propio inquilino quien decida afrontar la tarea de entrar en su hogar por sí mismo, toda vez que ha perdido las llaves, que se las han robado o que las ha extraviado en un lugar al que no puede volver.

En esta entrada podríamos correr el riesgo de que las recomendaciones que diéramos para abrir las cerraduras fueran asimiladas por los ladrones para sus asaltos y trastadas. No obstante, lo bueno de que no siempre funcionen estas tretas es que depende de cada puerta, de cada cerradura. Es por eso por lo que lo primero que tenemos que hacer para intentar abrir nuestra puerta es conocer a fondo cómo es la cerradura, qué características tiene, qué mecanismo anti robo utiliza, qué seguros agregados posee. Llegados a este punto, trataremos de sugerir tres maneras o trucos caseros para abrir nuestra propia puerta de casa cuando nos hayamos quedado en la calle, con el engorro que este escenario conlleva.

El primer truco, que para no es complejo o sofisticado, consistiría en emplear una tarjeta de crédito para lograr la apertura. Este método es ideal para las puertas que tienen instalada una cerradura algo más antigua. Si la tarjeta en realidad es laminada será mucho mejor para conseguir nuestro propósito. Eso sí, habrá que proceder con precaución y cautela, porque, si acometemos con más vigor y vehemencia de la debida, la tarjeta de crédito puede llegar incluso a romperse; por esta peligrosa razón, tal vez sea mejor dar uso para nuestra maniobra de apertura a una tarjeta de regalo, por ejemplo.

Lo que sí debemos tener claro es que se trata de un procedimiento nada complejo, muy sencillo. La primera maniobra que tendremos que llevar a cabo será la de insertar la tarjeta por el lado de la puerta, de manera que deslicemos el extremo más alargado de dicha tarjeta entre el marco y la propia cerradura, partiendo desde una zona superior al mecanismo de cierre. Lo siguiente será inclinar un poco la tarjeta y dirigirla hasta el pestillo de la cerradura, algo que tendremos que completar con mucho cuidado para que nada falle. De manera instantánea habrá que empujar la tarjeta hacia nuestro cuerpo y girar la manilla de la puerta. Es muy probable que el método no sea exitoso, por lo que habrá que repetir el movimiento en más de una ocasión. No obstante, no deja de ser una manera de abrir la puerta que funciona si se hace bien.

El segundo truco puede parecer algo más brusco y menos sutil: llevar a cabo la apertura por medio de un destornillador. Lo primero que tendremos que hacer será comprobar qué destornillador hemos escogido; lo preferible es que la herramienta sea cuanto más delgada y alargada mejor. Así se podrá introducir el destornillador en la cerradura con más facilidad; luego habrá que moverlo de lado a lado, algo que se deberá realizar con cautela, con paciencia, con mesura, con lentitud, con cuidado y de una manera constante. Al mismo tiempo que deslizamos el destornillador lentamente de un lado a otro se deberá ir ejerciendo un poco de presión sobre la puerta, ya que así habrá más probabilidades de que se termine abriendo.

El tercer y último truco que traemos para este post tiene como protagonista al clip metálico, objeto con el que también podremos intentar abrir la cerradura cuando no tengamos las llaves de casa a mano. En primer lugar, habrá que hacerse con un clip metálico, sin sofisticaciones ni complejidades, de los típicos que encontramos en una oficina o en los trabajos de clase de los estudiantes.

El segundo paso será tratar de enderezar el clip al máximo posible, de modo que quedará lo más recto que se pueda, casi en forma de línea recta. El paso siguiente será doblar una de las puntas e intentar hacer con el metal una especie de lazo, ya que así entrará con más facilidad en el orificio de la cerradura. Una vez llegados a este punto, habrá que llevar a cabo movimiento de lado a lado, mientras se presiona el clip a la vez. Hay que realizar esfuerzo para abrir, pero, ojo, siempre con mesura, porque podríamos acabar dañando la cerradura y entonces estaríamos en la calle y tendríamos que pagar al cerrajero por la apertura y por el cambio de mecanismo de cierre. Si todo falla, siempre habrá cerrajeros profesionales que se encarguen de la situación y que acaben con nuestros quebraderos de cabeza.